Pasos

Pasos
Manifiesto poético inspirado en la frase “la más larga caminata comienza con un paso”. 
Ahora que al ver atrás reconozco su importancia, pido disculpas a aquellos primeros pasos mal juzgados e incomprendidos. Puedo entender, desde aquí, lo que fueron; su silencioso aporte en la construcción de este presente.
Un primer paso, de nuevo, y esta vez los que sigan, no serán ciegos. La estrella en mi pecho les alumbrará el camino. Ellos me llevan.
¿A dónde voy?
El lugar se me aparece en los sueños cada noche. Lo he inventado yo, eso es seguro, aunque no sepa exactamente cuándo. 

¿Fueron mis pisadas de antes las que hicieron el sendero? (Da gusto sentir que -después de todo- solo sé seguir mis propios pasos).

Van en silencio, en plena madrugada -uno primero, luego el otro- casi en secreto, por conservar la magia.

Puro polvo en el trayecto, de momento.

Pero el final ya lo he visto y es mi única salvación. Voy hacia él, me agarro de la tela de sus velas desde ahora, desde estas primeras tormentas. 

El mar que me acelera el paso, me lo trunca.

Pero Mar, tú me conoces: nada que hacer, ya me he empeñado.

Subiré al cielo y bajaré al infierno cuántas veces sea necesario darle la vuelta al mundo. 

Daré el siguiente paso aunque ya estos zapatos me lastiman.

Seguiré caminando también cuando los lobos del pasado reclamen mi cuerpo y los buitres me respiren cerca, adivinando un inminente tropiezo.

Seguiré.

Lanzaré al suelo los sueños que me vendieron,

son tan pesados

ya no los quiero.

Una por una me arrancaré las plumas que me regaló ese extraño,

me lavaré el pegamento de la piel,

¿para qué lo necesito?

Y aunque se haya adherido tanto,

que arrancarlo cause daño, lágrimas, dolor y sufrimiento,

seguiré con la piel herida,

con las lágrimas ardiendo en mis rotos,

hasta que el agua del cielo me limpie y me sane con las lecciones aprendidas,

con los miedos ya donados,

con la sangre pura.

Retomarán el brillo mis ojos marrones,

miraré al frente, sabia, fuerte y poderosa,

y me dolerá de adentro hacia afuera,

y me quedaré sin fuerza,

sin aliento,

otra vez sin nada.

Y de la nada nacerán mis alas,

mis pequeñas alas,

mis grandes alas.

Entonces podré, por fin, alzar mi vuelo.

Gracias, Tierra, por permitirme volar a través de cada paso.

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Déjame andar

Dejame andar
Déjame andar
que   yo  siempre   he   sido   libre
Por influencia astral
o por la de mi madre
tal vez por haber crecido
nómada
la maleta mal guardada
lo sabe
el movimiento es mi estado.
Saltar líneas de frontera
___________________
una rayuela
           estoy aquí
               ahora
                                                      y más allá
                                                       después
                      irme y volver
volver sin irme
ganar ganar
porque el premio es el camino
el paisaje es mi hogar,
no tengo casa
pero las nubes almohadas protegen mis sueños
                       …
        Cabello   al   viento
velocidad que arrulla
                      calma en movimiento
y tú
no entenderás lo que digo.
Pensarás de mis palabras que te alejo
lo juro
nada quiero menos
mi punto es
que mientras más me sueltes
más me tienes.

Tres luceros

tres luceros

Esta será la primera vez que comparta en mi blog un poema que no es de mi autoría. El motivo es de peso: en sus líneas se encuentra la raíz de todos los Saris.

El escritor no ha considerado necesario firmar con su nombre, en cambio ha decidido poner “papá”, tal vez porque no pensó en una posterior publicación, de hecho el escrito llegó a mi correo como un regalo personal.

Leerlo fue, no solo emocionante sino también esclarecedor. Me ha hecho pensar, como conclusión, que definitivamente, lo que se hereda no se hurta.

En alguna oportunidad le escuché decir al escritor cubano Severo Sardui en una entrevista que la vida de los seres  humanos no merece ser contada desde la fecha que indique su acta de nacimiento, sino por lo menos unos ciento veinte años atrás.

Pues bien, yo hoy no voy a retroceder tanto en el tiempo, pero contaré mi vida a partir de la pluma de un hombre que me ha creído águila desde mucho antes de que me salieran plumas y que me mostró con su luz de sol el tamaño proyectado por la sombra de mis todavía pequeñas alas. Alguien con una mente infinita en la que ningún sueño es demasiado grande: mi padre. 

Nota: Tanto yo como mis hermanos Jesús Ernesto y María Gabriela nacimos en febrero y entre nosotros existe tan solo un año de diferencia. Vinimos al mundo con un mismo signo, diferentes personalidades y con igual fortuna: nuestros padres.

FEBRERO DE LUCEROS

Febrero arranca intenso cual invierno polar,

Y su fuerza estremece su horizonte y su cielo;

Sus ojos rompen bridas, cual caballos sin freno;

su luz incandescente anuncia tiempos nuevos,

que entre rayos, nubarrones, tormentas se hace notar.

Está desconocido:

ha dejado atrás su paseo taciturno, ensimismado, sereno;

la paz mostrada en la repartición de días se ha agotado.

Le urge acabar con el siglo;

hay sed de otro milenio;

hay hambre de huracanes que arrasen moldes viejos:

hay ansias de rupturas con los pasados tiempos;

es hora de la luz de los luceros nuevos.

Vienen del Oriente,

Como anuncia la Escritura.

No trajeron ni mirra, ni oro, ni incienso;

Portan rebeldía, audacia y empeño.

Llegaron el 8, el 16 y el 15

Y acamparon entre nosotros

Y desde allí han iluminado vidas,

despertando esperanzas e inspirando sueños.

 

Tetero es luz que abreva diariamente

de las fuentes más profundas del cosmos

Y con ello nutre al universo entero;

Mafita es verbo que crea de la nada,

 

Y su voz, clarín que inspira mil batallas;

su fuerza es columna que sostiene multiversos

y su constancia es certeza del culminar seguro.

Gaby es camino sin fin;

Camina ahora hacia el centro de su ser

Nutriéndose del océano infinito en que navega;

Busca ese otro mundo aún desconocido.

Navega, se detiene con frecuencia y vuelve

al puerto a planificar los nuevos desafíos.

Los tres son mis luceros que me han llevado hasta donde está el niño Dios, brazos abiertos,

mirada de bebé, ante el cual doy gracias por haberme permitido disfrutarlos y amarlos.

Papá

Inicio de una despedida

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He decidido.

Ya no quiero que me veas

hecha nostalgia
con la mente en el pasado.

Caminé por plaza Francia este diciembre

y no hallé tus luces
ni escuché las gaitas.
Me acordé de las muchachas colegialas
que cantaban y bailaban
con sus trajes llamativos.

Y extrañé
la alegría.

Ha empezado a costarme

conformarme

solamente
con la memoria bonita
de mis noches por tus calles.

Yo no quiero que me vuelvas a ver triste
con la mirada anclada al cielo
con la esperanza puesta toda en la montaña

porque si bajo la cara
         todo parece un recuerdo.

Todavía me acuerdo de lo bien que me sentí cuando aprendí a usar el metro.

Compré por primera vez un ticket
amarillo independencia.

Y ya no hubo un solo sitio al que no pudiera ir.

Pero ahora,
ves,
cuando entro
solo me provoca huir.

Las escaleras se han roto
y la gente está molesta
porque ya no huelen rico
porque ahora lavar cuesta.

Yo no quiero, te lo juro, que me escuches maldecir

con odio
con frustración y con pena
cuando paso por el centro
y a cada paso me encuentro
           su cara
y sus ojos que me miran
con gracia indolente.

Yo no quiero tenerte miedo.

No quiero que este progresivo olvido de quien eres

te haga olvidarte de mí

y que sin querer          me mates
como ocurrió

con tantos

conocidos míos.

No lo veas como abandono.

Entiende que cuando pasen los años
tú podrás seguir

sin mí.

Y seguirás siendo joven

Pienso en mi abuela y se me nublan los ojos.
Y se me comprime el alma.
Porque sé que se hará llanto
cuando deba despedir a su nieta amada.

Y yo no sabré
si la volveré a ver…
si le alcanzará la vida.

¿Ves

       que hay más dolor en mí
del que yo pueda expresar
solo con anticipar que algún día
me iré de ti?

 

Quédate

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Comprendo que estás a un paso de emprender un viaje.

Amenazas con cruzar las puertas, todas las puertas, que llevan a la locura y dejar en abandono esta realidad que compartimos.

Empezaré entonces a tejer un puente que me guíe a ti de vez en cuando, que sostenga mis piernas desde esta cordura supuesta, hasta los laberintos oscuros de tu mente futura.

Mira este hilo blanco que está entre mis manos, ¿lo ves?

Amárralo a tu meñique izquierdo, con cuidado; yo lo sujetaré fuerte mientras vueles alto, libre como un papagayo, sabiendo que hay una niña que te cuida desde el suelo. No habrá tormenta con fuerza suficiente para separarnos.

¿Recuerdas el mito de Teseo y el minotauro? creo que este hilo nos servirá para más cosas. Me llevará segura hasta ti burlando los pasillos angostos de paredes altas. Pero ni tú eres monstruo, ni yo soy rey, ni mis visitas serán un peligro, prometo. No escucharás de mí noticias de este mundo que dejas; ni siquiera esperaré que sepas quién soy.

¿Quien soy?

Nadie importante. Me conformo con ser una cara familiar, alguien a quien creerás haber visto de algún lado.

Esperaré a que te duermas y te miraré en silencio, cuando te encuentres nadando en sueños, a distancia de las sombras de tu mundo nuevo. Y en las ocasiones especiales, que antes sobraban, cantaré para ti, si lo permites. Tal vez aquella canción sin nombre que tarareabas mientras me acariciabas el cabello hasta dormirme.

“Vuelan las mariposas

¿A dónde irán?

Con sus alas preciosas de tafetán.

Parecen pañuelitos diciendo adiós.

Adiós, mariposita,

adiós dice la flor.”

Ahora tú dices adiós, como las mariposas de tafetán. Dices adiós con cada recuerdo menos, mientras me diluyes y me vuelves nada. Mientras te vas.

Y yo aquí, sin detener tu marcha. No lo haré, no puedo. Ve adónde sea que quieras ir.  Te pediré una cosa sola: deja tu viaje para mañana. Hoy quiero que estés, que me abraces hasta que vuelvas a entrar en los sueños en los que estoy yo también, contigo. Que me quieras como cuando me querías.

Así que antes de dejar de hacerlo, antes de olvidar mi nombre, antes de tejer el puente, antes de irte, por favor, ¡quédate!

Vamos

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Vamos a redescubrir el agua tibia. 

Yo quiero hacer planes como si esto fuera para siempre

Arriesgarme como si jamás el amor hubiera ardido

Como si las lágrimas no se hubiesen convertido en ríos.

Vamos a querernos como si nunca antes hubiésemos querido

A creer en las palabras, a guiarnos por miradas

Vamos a llenarnos del polvo de nuestro propio camino.

Ignoremos el pesimismo ajeno, los vaticinios pesados, las advertencias con buena intención

Que nadie más sabe cómo me has querido esta mañana,

cómo te cuidé ayer por la tarde,

ni cómo nos hemos soñado cada noche.

No escuchemos entonces,

mejor

Vamos a sentir el ritmo de nuestros latidos:

cuando te quedas,

cuando me voy,

cuando nos venimos.

Vamos a cuidarnos como si de ello dependiera la vida

Vamos a querernos como los pingüinos.

TODOS LOS MARES, MI MAR

Julio Cortázar ha dicho “todos los fuegos el fuego” y “todos los mares, el mar”. Una alegre afirmación, pues evita la tarea, delicada y engorrosa de tener que comparar.

Sin embargo tal precepto hay que tomarlo con pinza. Es deber considerar otras buenas opiniones, se me viene a la cabeza aquella que deja claro que es el tiempo que se pasa con la rosa lo que la hace especial. Pues es así, así lo creo. Yo jamás podría afirmar “todas las montañas, montaña” y mucho menos, todos los mares, mi mar.

No es que sea nacionalista, Dios me libre de ese mal. Pero cuando hablo de mar y montaña pienso una en particular, en el mar que en Venezuela baña la Costa Oriental y en el Ávila en Caracas que me limpia todo mal.

Como esta montaña, juro, no he conocido otra igual, aunque existen otras tantas hermosas para observar, los gloriosos Alpes o los Andes imponentes, picos altivos e indomables en el mundo hay un millar. Pero la montaña mía, la que quiero respirar, se le dice Sabas nieves, los venados, galipán.

Esta montaña bonita, me ha sabido acompañar a lo largo de mi vida en lo menos y en lo más. Comprendo que no podría ligeramente afirmar, así como cualquier cosa, “todos los mares el mar”.

Esto que apenas he escrito me hace ajuro recordar cuando el rubio principito, se encuentra con un rosal y piensa todavía en su rosa, la única de su mundo, idéntica a todo el resto y a la vez sin otra igual.

Lo que siento por mi cerro, es lo que siento por el mar que conozco desde niña, que fue mi segundo hogar. La playa que con paciencia me enseñó cómo nadar, el muelle en el que aprendí que pescar me hacía llorar. Ese mar que me brindaba sorpresas a cambio de nada: delfines una mañana, por la tarde un raro pez, erizos, corales y sustos más de una vez.

Arapito, Colorada y el puerto de Santa fe. Combustible para el barco, pescado para la cena y un postgrado en construcción de castillitos de arena.

Admito que no podría decir, sin ninguna pena, todos lo mares el mar, porque el mar que a mí me llena, es el mar que está en la costa oriental de Venezuela, y si he conocido otro, por bueno y bello que fuera, aunque lo haya disfrutado me he sentido en casa ajena.

Me enseñaste a ser cobarde

Si alguna vez ocurre nuevamente

que de frente me interroguen

no vacilaré en mentir.

Afirmaré lo falso, negaré lo verdadero

callaré elegantemente

aunque muera por decir

Comentaré a alguien que escribí una carta

que no entregué nunca porque la escondí

Y que el chocolate negro que duró conmigo más de una semana

era para ti.

Mira ¡qué pena tan grande!

Me ha tocado desistir de las mil cosas que haces

de las diez voces que tienes

de tus signos zodiacales y de tu risa infantil,

por haber dicho de más, por no saber evadir.

Ahora creo fervientemente que es virtuoso el ocultar,

tanto como el ser honesto

Y  menos vale apurar que el hecho de ser paciente

Pero eso sí, te aseguro que voy a estar muy pendiente

porque si de algo ha servido tu alejamiento reciente

es para saber captar que gana más el que miente.

He aprendido ya bastante

Creo que se me amplió la mente

Me enseñaste en media tarde a dejar de ser valiente.

Ya hasta admiro a los cobardes, de verdad ¡tremenda gente!

Si yo fuera como ellos, ahora estarías presente.

Seguro estaríamos bien, hablando serenamente

de tu pez, signo solar, o de mi toro ascendente.

Pero no, claro que no… porque quise ser valiente.

 

 

 

NO ESTAMOS EN DICTADURA

dictadura

Cercenan

la información

Silencian

lo que no conviene

Y con su imprenta hasta la sangre tapan

 Y con la fuerza

la verdad se queda muda

 Se lavan las manos

Levantan la voz

y se les escucha decir:

¡No estamos en dictadura!

Dicen también,

Como un mantra

que antes todo era peor

 que criticamos por no conocer nuestra historia

que la derecha es el diablo

 que el socialismo es la gloria

Que la propiedad es un vicio y la comunidad la cura

 pero despilfarran plata

por la morbosidad más pura

Juran por todos los santos que gozamos libertad

que tanta felicidad nos pone la mente oscura

que esto es lo que ustedes quieran

pero nunca dictadura

 “No es utopía, es posible

Y lo lograremos con tu ayuda.

Miren que, pese al bloqueo, se ha logrado mucho en Cuba.

Es cierto, no tienen nada

pero tienen dignidad que es el mayor de los bienes”.

-No, señores,

la verdad, es que solo hay dignidad

en aspirar a lograr,

con el propio esfuerzo,

aquello que aún no se tiene.

“Somos amor y esperanza”

mienten con su cara dura

mientras matan estudiantes

 pero no

 claro que no

¡No estamos en dictadura!

Si a usted le parece fuerte la palabra “dictadura”

 digámosle “religión”

ya que han endiosado una figura

y en sacrificio le ofrecen el dolor y la amargura

DE UN PUEBLO

que entiende y sabe que aunque a veces sea hasta ruda

no hay que hacer por un capricho

que la vida sea más dura.

LIBERTAD

 La imagen puede contener: una o varias personas, cielo y exterior

Tu ausencia sería condena

La peor

y no la admito

Pues quererte no es pecado

Mucho menos es delito.

Si te vas

Qué esclavitud

Sin ti mi cuerpo:

El exilio.

Sometiéndome a un dolor

Sin ningún tipo de alivio.

Mi libertad es contigo

Para mi felicidad

tú bastas

Junto a ti

quiero un destino

Si tú estás, nada me falta.

 

JUVENTUD AL SUELO

Sin sospechar el efecto,

cantaste el himno en la escuela,

no sabías que cada letra se te quedaría en la sangre

y que se te prensarían las venas

cuando escucharas afuera,

por cualquier casualidad,

la melodía de tu hogar.

Te aprendiste de memoria tres colores,

siete estrellas,

un escudo que brillaba con el oro,

un caballo que jugaba entre la arena.

Dibujaste con tus manos las fronteras

de un lugar que fue llamado “Venezuela”

País libre y soberano desde tiempos de Angostura,

con lluvias de democracia

y charcos de dictadura.

 

Respetaste cada nombre

de los hombres que te dieron libertad.

Soñaste un mejor país

donde el hambre no doliera,

donde no ondeara otra tela

que no fuera tu bandera.

Donde la tierra que pisaras fuera tuya,

tuya por ser de tu tierra.

Donde no mandara nunca una potencia extranjera.

 

Empezaste a vivir con el estreno de un siglo

Eras apenas un niño

Cuando comenzó el discurso sobre ataques desde afuera.

 

Pero te surgió la duda:

¿el ataque es desde afuera?

¿Por qué un gobierno tan bueno habla pero nunca escucha?

Te supiste sin opción

Y decidiste hacerte parte de la lucha.

 

Cubriste tu cara y expusiste el pecho a las bombas y a las balas

Confiando cada segundo a la suerte

Pero al instante siguiente ya no más

Entre una nube de gas

Nació un río de sangre caliente

Y cayó tu cuerpo inerte

 

Tu coraje fue una ofensa

Los trajes verdes te lanzaron a la muerte.

 

Lloran las madres

llora el futuro

llora el presente

 

Al contemplar que la tierra va cubriendo tu ataúd

Que va al suelo de tu patria

La flor de su juventud.

VALIENTE

A continuación diré una frase cliché: hay héroes que no tienen capa. Yo conozco a varios pero en particular a uno: mi papá. Jamás lo escribo, jamás lo digo y creo que es hora de acabar con el “jamás” porque no se sabe nunca cuando dejará de ser opción decirlo o no. Así, pues, aprovecho esta ocasión en que puedo.

Tengo recuerdos de él, de cuando era niño. Los tengo porque sus historias, que no son fáciles de escuchar, ya que habla poco del pasado, me tocaron el alma inmediatamente después de que llegaron a mis oídos. Y se quedaron ahí. Así que lo recuerdo como si lo hubiera visto.

Lo veo chiquito, jugando con su perro Otelo, comiendo mangos que él mismo tomaba de las matas, yendo al colegio con su hermanito mayor. Ayudando a su mamá en cualquier cosa, leyendo con su abuelo Esteban, soñando con una pistolita de juguete.

Lo veo un poco más grande, frente a un libro y una vela, con su amor por la lectura, tal vez soñando sin darse cuenta de que lo tenía prohibido. Seguro que ya se lo habían dicho y seguramente, también, escuchó con respeto y lo asumió como una opinión, solo eso. Quizá porque nació sabiéndose águila aunque le dijeran polluelo.

No se dejó cortar las alas porque sabía que podía volar: estaba en su naturaleza. Siguió soñando, siguió creyendo. Se subió en la primera montaña que apareció y se lanzó al vacío. Y lo logró, voló. Y las alas le alcanzaron para recorrer el mundo, para aprender cinco idiomas, para hacer cinco carreras. Fueron suficientes para volver con su madre y reportarse como el hijo que no olvida, que agradece, el hijo que crece para dar la mano desde arriba y ayudar a subir.

El café es lo que corre por las venas de mi padre –de todas las cestas que cargó cuando muchacho en la hacienda del abuelo. No es azul su sangre, es mejor, de la más noble. Tiene la sangre bendita de los valientes, de los que se atreven a soñar y lo hacen, sueñan. De los que logran sus metas, de los pensadores, de los sabios. De los buenos, de los que lloran por el dolor ajeno. De los que creen en la gente pero sobre todo, de los que creen en ellos mismos.

Gracias por el ejemplo: seguir soñando, seguir luchando, seguir creyendo. Siempre seguir.

Cuando deje de quererte

No preguntes cosas que no digo

No me pidas más de lo que doy

No te atrevas a soñar conmigo

No quiero un futuro para dos.

Más vale el despecho de unas horas

Que el de la costumbre de los años

No hay duda de que te quiero

Pero querer, con el tiempo, causa daño.

Adiós. Lo dirás tú o lo diré yo

Seguro es que lo diremos.

Si lo dices tú, yo no diré más que “suerte”.

Y ojalá que vuelva a verte.

Si lo digo yo, que me bendiga el destino,

Que  me aleje de la muerte

Que me dirija el camino

Hasta que un día vuelva a verte

Cuando ya tenga el coraje

Cuando deje de quererte.

Horas de la noche

horas

Horas de la noche,

sepan que han dejado de bastar.

Pues si estoy con ella, ustedes se hacen polvo.

 

No me deja dormir

pero me enseña a soñar.

Cuando no está ella,

duran lo que siempre,

a veces, incluso, creo que tardan más

pero si aparece, inmediatamente

el tiempo se escapa,  se vuelve fugaz.

Caminen más lento, nadie las espera

que la luz del día duerma un rato más

siéntense un momento a contar estrellas

no me hagan más guerra, firmemos la paz.

Sonriendo, con ella

las noches en vela

es culpable de que yo no duerma

y aún así, confesaré:

sigo queriendo que vuelva.

Canto de pájaros

Olor a café

Ruido de ciudad

Y me doy cuenta: ¡se han ido!

si ella regresa, quédense un poco más,

es el  favor que les pido.

Tal Vez

 

Tal vez tu sospecha es cierta

y aún te quiero para mí

Tal vez no tenerte cerca

me haga pensar más en ti

Tal vez me muero de ganas

de escribirte y de llamarte

de fingir que no te has ido

y sigues estando aquí.

Tal vez lo que sientes tú

también lo siento por ti

Tal vez tu sospecha es cierta

pero tal vez no es así.

Así que bota las dudas

y pídeme un no o un sí

porque no hay cosa más mala

que guardarse una pregunta

entre la boca y el pecho

cuando se quiere decir

No ganas nada guardando

palabras que has pensado para mí

Elimina ese tal vez

haz que sea no o sí

porque tu sospecha es cierta…

pero tal vez no es así.

El escondite

mare-nostrum

Te escondes, me buscas

yo juro que no diré nada.

Me alejas, te acercas

me mueves al ritmo que te da la gana.

Me celas, me sueltas

prometes más veces, hablas de mañanas.

Me tocas, me besas

sin que nadie sepa nada.

Silencio,

secreto

contrabando de miradas

Ni ruidos, ni alzar la voz

saboreando las almohadas.

Cuidado, pendiente

que no hay márgenes de error

No olvides, cariño

que esto es juego,

no es amor.

Carta abierta a Carmen Felicia

cfm

Me dices que no juzgue a la gente, si no me consta lo que se dice.

Que si no lo veo, no lo repita.

Te ofrezco ayuda en algo y, si me distraigo,

cuando te busco ya todo está hecho

porque no te gusta depender de nadie

porque las cosas no se dejan para después

porque el descanso es para los muertos

y porque la diferencia entre la vida y la muerte está en el hacer

En actuar, en no dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

Tú vives

Vives cada minuto de la vida

Y me enseñas

en cada segundo que paso contigo.

Provoca observarte hacer, escucharte hablar

Ver tus ojos alegres, reír con tu risa contagiosa

Tu felicidad se pega

Sonríes de orgullo con cada uno de mis logros

y no hay mejor recompensa

Te abrazo cuando estoy cerca, te llamo cuando estoy lejos

Y te extraño.

Decido volver para jugar dominó contigo y para regar tus matas

para que me hagas la comida que me gusta

y para que me cuentes, sentadas en el frente de tu casa, toda tu historia

Lo que has vivido.

Y te admiro más que nunca y te escucho con más atención

queriendo captar todo, que no se me escape nada

Porque me da miedo el futuro

Y amo ese “ahora” porque te tengo a ti.

Tú has marcado mi alma con los más pequeños detalles

me enseñaste a orar antes de dormir

a querer a los animales y a tomar café en las tardes

Me enseñaste a compartir y también

que con poco o con mucho: siempre se puede ser feliz.

La quiero

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Me di cuenta de que la querría

Lo supe

Y el pronóstico no mejora

Es más, es peor

Peor porque la quiero ahora.

Se fue sin preaviso

Pero dijo que no regresaba

Se fue y ella no sabía el vacío que dejaba.

Yo supe que la quería

Me di cuenta

Porque aunque era imposible

El alma me gritaba: ¡intenta!

Y lo intenté, Dios lo sabe

Por la promesa de su boca suave

Y de sus abrazos fuertes

Por querer besarla entera

De los pies hasta la frente.

La quiero y lo juro por…

Por el imán que era su cuello

Por el olor de su cabello

Y por su recuerdo

Este que aun doliendo, no deja de ser tan bello.

La quiero ¿Cómo lo niego?

No podría

Y no serviría de nada

Diciendo no con los labios

Diría sí con la mirada.

Ven

 

Ven

Ayúdame a escribir algo que no sea sobre ti

Acompáñame hasta que te hayas ido

Recuérdame que no estoy sola

Ven.

Te necesito, no entiendes que te necesito.

Es raro, ya lo sé

No tiene sentido en tan poco tiempo

Pero por favor, ven.

No logro pensar en otra cosa

Es como buscarte todo el día

Pero no te encuentro

No te quedes ahí

¿Dónde estás?

Ven

Sabes que te quiero

Dijiste que te ibas

Pero no te vas de mí

No me dejes

Ven.

Escuché su voz

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Tenía el teléfono en silencio, como siempre, o por lo menos como todas las veces que tengo que leer, la concentración profunda no es una de mis grandes aptitudes y necesito prepararme un ambiente propicio para el estudio.

Por algún motivo, de esos que ella y yo llamamos magia, tomé mi celular y lo vi, justo en el momento en que entraba una llamada. En la pantalla apareció su nombre y mi cerebro se reinició. La imagen se veía confusa en mi mente y no terminaba de relacionar ese nombre con algo. No era posible que fuera correcto. Pensé que era un número equivocado pero luego me di cuenta de que la teoría era absolutamente inválida, puesto que en ese caso habría aparecido “número desconocido”, y no, el número lo conozco. El nombre lo conozco.

¿De dónde llamas? Pregunté. Intenté disimular por lo menos la mitad de lo emocionada y contrariada que estaba. Estoy en Santa Elena, contestó. Y luego continuó diciendo: ¿quieres que vuelva a la ciudad? Cómo va a preguntarme eso a mí. Yo no la estaba esperando, pero claro que quería que volviera. La habría buscado yo misma.

Seguimos hablando o sonriendo, no lo sé. Tal vez era más una sonrisa, que venía desde el estómago o desde un lugar más profundo que el cuerpo aunque esté justo dentro de él. Sí. Tal vez mi sonrisa venía del alma. Yo sonreí con el alma. Sonreí toda la conversación. Conversé durante toda mi sonrisa. Mientras escuchaba su voz pensaba que tal vez debía grabarla para que fuera mi despertador, sería un buen despertador… en el momento en que llamó comenzó mi día y eran las 5.30 de la tarde.

– ¿Cómo está el cielo allá? – Muy azul, dijo. Y la brisa es fresca. Yo respiré y sentí el aire más puro y el cielo de Caracas se limpió de toda la contaminación que tiene ahora. Se eliminó todo lo que parecía triste y aburrido y comenzó una danza en mi cabeza. Insistió en que yo era la primera persona a la que llamaba desde que tiene contacto con el mundo. No me interesa. Quisiera que no lo hubiese dicho, conozco esa frase ya. Sé que si me dice que soy la primera persona a la que llama es porque sabe perfectamente que pudo ser otra. No tendría que convencerme de nada si ella misma estuviese convencida.

No importa. Escuché su voz. Me habló a mí. Da igual si fui la primera persona. Escuché su voz. Sentí cómo su risa entraba en mí para acariciarme el cuerpo, para ablandarme, para relajarme, para arrullarme. Sentí que me abrazó con cada cosa que dijo.

Escuché su voz.