CAMBIEMOS DE TEMA

paraguasHace ya varias semanas comencé a emplear un proyecto personal, una especie de experimento en el que quería constatar los efectos de cambiar la actitud ante la crisis. Leí en algún lugar una frase que decía “sé embajador de esperanza” y compré la idea rápidamente.

Desde entonces, lo he estado aplicando y he verificado, con satisfacción, los buenos resultados.

Una tarde, iba caminando y me encontré a una amiga que conocí en la universidad. Una persona generalmente muy alegre, característica que hizo resaltar lo desanimada que se encontraba en aquella ocasión. Tuve la oportunidad de poner en práctica el experimento y no la desaproveché.

Al verla, me alegré genuinamente y se lo hice saber. Además, no fue difícil enterarme del motivo de su tristeza: la situación del país. El tema.

Diagnosticado el problema, de inmediato me esmeré en darle solución; que para mí, fue más o menos como hablarle de la luz al final del túnel, esa que ella, no estaba logrando ver. Le sugerí, a manera de ejercicio, que visualizara sus aspiraciones -las que fueran- y tomara fuerza de ahí. Que hablara más bien, de lo que para ella sería una solución y no tanto de lo que constituye un obstáculo.

Seré honesta, yo creo firmemente en la utilidad de lo que le recomendé. Sin embargo, respeto la opinión de quien pueda considerarlo algo meramente fantasioso, místico -y es probable, además, que tenga razón-. Esa misma persona podría decir de mí, a manera de chiste, que me encuentro ejerciendo funciones de libro de autoayuda parlante, y también en este caso, podría tener razón.

Sin embargo, hay algo que sí es seguro e irrefutable y es que el efecto que yo buscaba lo logré. Vi su cara, sonrió, le brillaron otra vez los ojos. Se alegró, tal vez por un momento, quizá solo durante el ratito que estuvo conmigo… pero lo logré.

Con base en esta experiencia, es que los invito a cambiar de tema.

¿Qué tema? El tema de siempre. El eterno tema. LA SITUACIÓN DEL PAÍS.

La verdad, es que todo el mundo anda hablando de él. En todo lugar y en todo momento puede surgir la siguiente pregunta: ¿y tú por qué no te has ido? O esta otra: ¿a qué país te gustaría irte? Seguido de varios comentarios con respecto a las facilidades o dificultades que ofrecen los distintos países-opciones y por supuesto, los tediosos trámites para los documentos.

A mí me parece hermoso hablar de todas esas cosas porque casi siempre implica hablar de metas, de aspiraciones, de proyectos, de futuro. El problema radica en el “casi” que significa que no es siempre. Y no es siempre porque en muchas otras ocasiones implica hablar de frustraciones, de limitaciones y de aparentes túneles sin salida.

Pero además, se ahonda en la causa por la cual todo el mundo se está yendo y por la que quienes no se han ido, quieran hacerlo o al menos, sopesen la necesidad de. Y este ahondamiento es lo que más agota.

Yo recomiendo recordar que el amigo al que se encuentra por la calle está-vive-sufre-padece-goza el mismo país loco que usted y que yo. Que tiene preocupaciones parecidas a las suyas y problemas similares. No necesita -ni usted ni él- hablar 24/7 de ellos, porque no por eso van a dejar de existir. Por el contrario, se hacen más pesados.

En este punto quiero hacer una pregunta.

¿Realmente cree usted que esa persona a quien le habla, no sabe que existe un nivel altísimo de delincuencia? Que la inflación ya no es inflación sino que se convirtió en hiperinflación, que hay corrupción, que ayer mataron a fulanito, que existe un montón de gente que se alimenta de la basura, que resurgieron, como el fénix, enfermedades que ya se consideraban erradicadas, que no hay comida, que la comida está carísima.

¿Lo saben o no lo saben?

Respondo yo ¡todos lo saben!

Sí, lo sabemos todos.

No obstante, alguien podría refutar afirmando que el tema de la situación de Venezuela es muy importante, que los problemas que le afligen son graves y que por lo tanto no deben ser callados, no deben ser negados, y tienen que ser hablados.

Y es cierto, deben ser hablados. Pero no siempre. Puesto que resulta altamente contraproducente contaminar los encuentros con los amigos o conocidos sin discriminar momento. Me ha bastado observar la expresión de los rostros y el lenguaje empleado durante alguna conversación sobre la crisis, para constatar su efecto: se generaliza la sensación de impotencia y el nivel de ánimo promedio baja considerablemente.

Es por esto que mi invitación es a aprender a administrar bien el tema, lo que implica no comentar a toda hora la crítica situación que está viviendo este país, porque la verdad es que a todos nos afecta y todos la sufrimos, y también todos merecemos escudarnos de eso y pasar momentos agradables, sonreír, generar endorfinas, sanar, apartarnos del problema.

Yo propongo que nos brindemos la oportunidad de producir sonrisas y no sigamos multiplicando lamentos.

Cambiemos de tema.

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